La enfermedad de Urbach-Wiethe o “proteinosis lipoide” o “hialinosis cutis y mucosa”, es una patología muy poco frecuente (hasta hoy se ha informado, en la literatura científica, de menos de 300 casos) que fue descrita en 1929 por los dos científicos citados: el dermatólogo norteamericano Erich Urbach (1893-1946) y el otólogo austriaco Camille Wiethe (1888-1949).
Mientras nuestro cerebro sea un arcano, el Universo, reflejo de su estructura, será también un misterio
(Santiago Ramón y Cajal)
2 de enero de 2017
18 de septiembre de 2016
Mente oculta
Hay un fenómeno relativamente frecuente que recibe el nombre de criptomnesia que se puede definir como la capacidad de recordar cosas que, a priori, no recordamos conscientemente, esto es, implica la posibilidad de sacar a relucir la memoria oculta. Por tanto, se puede utilizar, aunque no sepamos que la estamos usando.
Y si no sabemos que tenemos determinada información oculta es probable que cuando la evoquemos alguien, incluso usted, le dé unas características mágicas, novedosas u originales.
Y si no sabemos que tenemos determinada información oculta es probable que cuando la evoquemos alguien, incluso usted, le dé unas características mágicas, novedosas u originales.
3 de septiembre de 2016
Pintura y cálculos cerebrales
Hasta hace relativamente poco tiempo, la
locura era una “enfermedad” que englobaba numerosas alteraciones, más o menos
graves, del comportamiento. El ser humano, hasta hace poco tiempo, no
comprendía nada pero sabía que algo anómalo estaba sucediendo.
La solución “científica” podía
encontrarse en la trepanación que podría abrir una puerta por donde saldrían
los malos espíritus o serviría para encontrar una supuesta piedra que provocaba
en el demente ese estado.
18 de agosto de 2016
Dormido con un cerebro despierto
El sueño, dormir, es un suceso rítmico. Se produce diariamente, cíclicamente, cada 24 horas y por eso es un episodio circadiano (del latín circa, “alrededor de”, y dies, “día”). Lo primero que hay que aclarar es que sueño, en el lenguaje científico, no es lo que conocemos como tal en el vulgar. En este último, el sueño se refiere a los ensueños. En resumen, el sueño diario tiene ensueños.
3 de agosto de 2016
Cuando nuestro cerebro no puede decir no
Es probable que alguna vez se haya comportado de manera impulsiva, quizá sin demasiada justificación. Acaso después del arrebato se ha arrepentido porque la impulsividad es una manifestación de la conducta que sucede cuando nuestro cerebro tiene que hacer un gran esfuerzo para decir NO... y no lo hace; es una incapacidad para evitar que se inicie una determinada acción. Un comportamiento impulsivo no prevé las consecuencias, hay una incapacidad de la inhibición de los actos, aunque estos sean arriesgados. En cualquier caso, habrá sido un comportamiento eventual.
18 de julio de 2016
Hay algo en el universo que puede vislumbrar mi cerebro
Del mundo exterior a nosotros percibimos lo que podemos, no lo que existe, no lo que hay, sino lo que nuestro sistema nervioso nos permite captar y, posteriormente nuestro cerebro, nosotros, percibimos. Hay numerosas cosas que existen que no podemos distinguir, pero hay máquinas que lo hacen por nosotros y nos lo “traducen”. Ningún ser humano percibe las ondas de radio, los rayos X, etc. y es que no tenemos receptores biológicos para esas radiaciones electromagnéticas. Tampoco podemos ver muchas cosas pequeñas, pero hay aparatos que nos ayudan.
3 de julio de 2016
¿Un cerebro musical?
Hay mucha gente que cree que sólo se puede ser una persona apta para la música si el cerebro tiene unas condiciones adecuadas, dicen que hay que poseer unas aptitudes sin las cuales no se puede ser un buen músico. Claro que no estoy pensando en una persona con el nivel musical de Juan Sebastián Bach o con la capacidad interpretativa de Alfredo Kraus, se trata de saber si el cerebro de un músico está, de alguna forma, “predestinado” para ser un intérprete de algún instrumento o, por el contrario, el hecho de ejecutar música es lo que ha provocado la modificación de ciertas estructuras cerebrales como consecuencia de eso que llamamos plasticidad cerebral y que ya se ha comentado varias veces en este blog.
18 de junio de 2016
Un flujo inacabable de imágenes
Creo que todo el mundo ha oído alguna vez un término formado por tres letras: l, s y d: LSD, la dietilamida del ácido lisérgico, una sustancia que estuvo muy de moda en los años 60 porque había muchas personas con cierto prestigio social, en la música, en el la pintura, incluso en la ciencia, que presumían haber consumido el “ácido”, como vulgarmente se la denominaba. Y esto acabó con la vida de muchas de ellas, como la del guitarrista Jimi Hendrix, en 1970.
3 de junio de 2016
Entrenamiento cerebral
Los seres humanos nos podemos adaptar al medio porque tenemos un conjunto de capacidades de distinta condición que ejercen una función específica e importante. Así, por ejemplo, gracias a las capacidades motoras podemos coordinar nuestros movimientos para andar, correr o subirnos a una bicicleta. También poseemos capacidades emocionales que nos hacen sentir miedo ante un acontecimiento que podría sernos perjudicial o que nos permiten empatizar con el ser humano que está sufriendo. Asimismo también hay otras capacidades como las psicosociales y las cognitivas. Las capacidades cognitivas (razonamiento, abstracción, percepción, atención, memoria, etc.) nos permiten crear mentalmente un esquema de lo que voy a hacer mañana, recordar lo que hice en la última excursión, reconocer la cara de un amigo al que hace años que no he visto, etc.
18 de mayo de 2016
Simpatía y música en un cerebro diferente
En 1961, un cardiólogo neozelandés, John C. P. Williams, publicó un artículo en el que se describía una rara enfermedad. El año siguiente la misma alteración fue referida por el pediatra alemán Alois J. Beuren (1919-1984). Desde entonces esa patología se conoce con el nombre de síndrome de Williams o síndrome de Williams-Beuren.
En los niños con esta alteración (uno de cada 20.000 nacimientos) se manifiestan una serie de características faciales muy marcadas, y entre ellas se puede destacar la frente amplia, la nariz pequeña, el surco nasolabial largo, estrabismo, llamativas orejas, etc. De hecho, los primeros informes consideraban que los niños con esta enfermedad eran parecidos a los elfos de la mitología nórdica y, por un tiempo, se hablaba del "síndrome de Williams cara de elfo".
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