Mientras nuestro cerebro sea un arcano, el Universo, reflejo de su estructura, será también un misterio
(Santiago Ramón y Cajal)


13 de abril de 2010

Alucinógenos

Aldous Huxley (1894-1963), nieto e hijo respectivamente de los célebres biólogos Thomas Henry Huxley y Leonard Huxley, diferenciaba tres aspectos en la experiencia que vivió bajos los efectos del potente alucinógeno mezcalina (o mescalina): cielo, infierno y visiones. Son situaciones en las que se observa un abandono de los estados habituales de conciencia y es entonces cuando surgen el olvido de la realidad y momentos en los que se produce la “unión con el mundo” (cielo). También se origina una “disolución angustiosa del yo” en la que dominan el pánico y la angustia, da la impresión de que la razón se pierde y de que se está al borde de la muerte (infierno). Finalmente, aparecen ilusiones y sinestesias en las que se “ven” los sonidos, se producen alucinaciones y la percepción de la realidad es diferente de la que se manifiesta sin los efectos de la droga (visiones).
Son muchas las personas que han consumido sustancias de naturaleza alucinógena: mezcalina, psilocibina, LSD... capaces de alterar su estado de conciencia. ¿Dónde actúan esas sustancias creadoras de estos efectos?
Los datos neuroquímicos parecen indicar que este tipo de sustancias guarda relación con los receptores del neurotransmisor serotonina y muy especialmente con uno de ellos denominado 2A. Los neurotransmisores son la manera que utilizan las neuronas para hacer “saltar” las señales nerviosas, los impulsos nerviosos. El proceso ocurre con la salida del neutrotransmisor de una neurona, cuando la corriente nerviosa llega al final de la misma, y la unión de  aquél a un receptor  ubicado en otra célula nerviosa, con un acoplamiento que es capaz de generar un nuevo impulso.
En estudios realizados con voluntarios a los que, bajo un estricto control médico, les suministraron sustancias como las citadas antes, han puesto de manifiesto que cuando tomaban quetanserina, sustancia capaz de unirse a los receptores citados,  si después tomaban psilocibina los efectos de este alucinógeno no se presentaban, es decir, la psilocibina no era capaz de acoplarse a los receptores 2A del neurotransmisor serotonina porque éstos se encontraban “ocupados” por la quetanserina.
Pero, de entre las neuronas que utilizan como neurotransmisores serotonina, ¿cuáles son las que intervienen en la percepción de la alucinación? Parece que están implicados los circuitos neuronales que, desde la corteza frontal llegan al cuerpo estriado, después al tálamo y, de nuevo, a la corteza frontal.
El tálamo es una parte del diencéfalo que ha sido considerado un “controlador” de la entrada de la información a la conciencia, no en vano todas las vías sensoriales (menos la olfativa) pasan por él. Cabría suponer que el control talámico se puede ver alterado por las sustancias alucinógenas y, en consecuencia, dejaría de actuar como filtro de los diferentes estímulos procedentes del exterior y del interior. Sabemos, además, que la psilocibina genera un aumento de actividad en la corteza frontal que es muy similar a la que se observa en los enfermos con psicosis graves.


30 de marzo de 2010

La neurogénesis y la enfermedad de Alzheimer

En relación con los estudios sobre la neurogénesis en el adulto y el aprendizaje y la memoria, los neurocientíficos pueden aprovechar los datos que aportan los enfermos de cáncer que están sometidos a tratamientos de quimioterapia.
En efecto, los fármacos quimioterápicos detienen la división celular de una manera generalizada en todo el organismo y, en el caso que nos ocupa (la neurogénesis), afectan a la formación de nuevas neuronas. Ver el artículo precedente de este blog: Hipocampo y neurogénesis
Esto, que es así con toda seguridad, correlaciona positivamente con el hecho de que los enfermos de cáncer sometidos a estos durísimos tratamientos químicos suelen manifestar problemas de aprendizaje y de memoria.
Otros resultados interesantes se pueden observar en los pacientes con la enfermedad de Alzheimer, en los que, entre otros sucesos biológicos, hay una degeneración de las neuronas hipocampales y, como todo el mundo sabe, una pérdida progresiva de la capacidad de aprendizaje y memoria.
Con los datos que nos proporciona la neurociencia en animales de laboratorio, ratas preferentemente, no es descabellado pensar que en los enfermos de Alzheimer se produzca alguno o algunos de los siguientes hechos: que haya menos neurogénesis, que la maduración de las neuronas recién formadas sea anómala o que la falta de actividad de las nuevas neuronas las haga desparecer rápidamente.
No obstante lo anterior, es un dato optimista el hecho de que en el hombre, al igual que en las ratas, la actividad aeróbica parece estimular la neurogénesis. Además, en un estudio reciente, de 2007, se ha demostrado que el tratamiento crónico con fármacos antidepresivos mejoraba el funcionamiento general de los pacientes con la enfermedad de Alzheimer, lo que implicaría que a estos enfermos, al menos en los primeros momentos de la enfermedad, les sería aconsejable cierta actividad física y la ingesta de antidepresivos. Esto no supone que los tratamientos citados sean la panacea, ya que esta patología cruel acaba no sólo con las nuevas neuronas del hipocampo, sino con muchas otras ubicadas en regiones encefálicas en las que no hay neurogénesis.

18 de marzo de 2010

Hipocampo y neurogénesis

Hasta hace relativamente poco tiempo (la década de los 80 del siglo pasado) se pensaba que nacíamos con todas las neuronas de las que de las que podríamos disponer y utilizar a lo largo de la vida, es decir, después del nacimiento, se creía que las neuronas sólo se morían, no se formaban nuevas neuronas, no había neurogénesis. Dicho de otra forma: las neuronas se mueren diariamente y no hay capacidad de sustitución de las desaparecidas.
Sin embargo, aunque esta ley es, generalmente, correcta, Elizabeth Gould, investigadora de la Universidad de Rockefeller, demostró que en el encéfalo de los animales adultos se producían neuronas nuevas en una zona de gran interés para los neurocientíficos y es que esta región está relacionada con el aprendizaje y la memoria: el hipocampo. Estos trabajos que estudiaban la neurogénesis en animales, pronto fueron confirmados en individuos de nuestra especie. Bien es cierto que también hay otra región en la que se produce nerogénesis en el adulto: el bulbo olfativo.
Limitándonos exclusivamente al hipocampo sabemos que en las ratas aparecen diariamente entre cinco y diez mil neuronas, sin embargo, en los seres humanos, esto no ha sido cuantificado. También se conoce que las nuevas neuronas aparecen en una región hipocampal denominada giro dentado o fascia dentada, una de las dos circunvoluciones del hipocampo; la otra es el asta de Ammon.
Un detalle muy interesante es que la formación de estas neuronas está alterada por diversos factores: unos favorecen la neurogénesis, otros la reducen. Entre los primeros destaca el ejercicio físico y algunos alimentos (al menos en el caso de los roedores) como los arándanos; entre los segundos se encuentra el alcohol, muy perjudicial en la tasa de aparición de neuronas en el hipocampo.
De las investigaciones que se han realizado en roedores se han obtenidos dos conclusiones muy interesantes:
a) las actividades que necesitan un aprendizaje suelen aumentar la actividad de las neuronas del hipocampo y, además, el incremento de la misma guarda relación con el aprendizaje. Es decir, los roedores en los que se observa más activación de las neuronas hipocampales se detecta un mejor aprendizaje de la tarea en cuestión.
b) da la impresión de que hay un periodo crítico de aprendizaje que posibilita la vida de las neuronas recién formadas que, en el caso de los roedores, oscila entre los siete y diez días, pasados los cuales las neuronas mueren si no “funcionan” en alguna tarea de aprendizaje, lo que parece indicar que un aprendizaje continuo facilita la vida de las neuronas hipocampales.
Si trasladamos estos resultados a nuestra especie parece claro que el aprendizaje diario y continuo puede ser positivo a la hora de mantener activas las neuronas del hipocampo recién formadas. Además, un poco de deporte y ciertos alimentos pueden ser saludables también en los procesos neurogenéticos y, finalmente, alejarse del alcohol es una buena recomendación para mantener activo nuestro hipocampo.

8 de marzo de 2010

Lateralización cerebral en la naturaleza

Todos estamos más o menos lateralizados en nuestras conductas: comemos utilizando el brazo derecho o izquierdo, escribimos siempre con un mismo miembro, utilizamos una determinada extremidad para dar un puntapié al balón, etc. La mayor parte de los humanos hablamos utilizando preferentemente el hemisferio cerebral izquierdo. Muchos saben que esta lateralización se debe, en gran medida, a la utilización del cerebro motor contralateral: muevo el brazo derecho al activar mi corteza motora izquierda y viceversa.
Pero nuestra percepción del mundo y la integración de muchas de las señales que proceden del exterior a nosotros también están lateralizadas en algunos aspectos. Parece claro que en nuestra especie el hemisferio cerebral derecho es mejor que el izquierdo en las capacidades espaciales, musicales, emocionales y en tareas de memoria no verbal, mientras que el hemisferio izquierdo presenta superioridad es la visión de las letras y palabras, en la memoria verbal, habla, escritura, etc.
Para comprender la forma de actuar del cerebro, en relación con la lateralización, podemos fijarnos en la actividad del mismo utilizando técnicas de resonancia magnética, tomografía de emisión de positrones, etc., que nos permitan ver la actividad cerebral cuando se realiza una tarea. Pero también podemos observar conductas en las que se hace visible la parte motora cerebral utilizada.
La lateralización supone una gran ventaja para las especies que la poseen, ya que permite ocupar cada hemisferio cerebral en una determinada función. Sin embargo, aunque mucha gente cree que esta lateralización es exclusiva de nuestra especie, lo cierto es que ya se aprecian algunas funciones lateralizadas desde los vertebrados primitivos. Veamos.
La conducta alimentaria es, en los humanos, preferentemente diestra. Pero esto ya ocurre en los peces, batracios y reptiles, animales que atacan a sus presas por su lado derecho. Por su parte, aves como las gallinas picotean los alimentos que se encuentran en su lado derecho. Los rorcuales son uno grupo de ballenas que presentan preferencias diestras a la hora de capturar sus alimentos y nuestros parientes más cercanos desde el punto de vista filogenético (babuinos, chimpancés y otros) muestran una clara preferencia a la hora de utilizar la extremidad anterior derecha.
En los individuos de nuestra especie, ya se ha dicho, el hemisferio izquierdo controla el habla y en las aves hace lo propio con el canto. En los simios esta parte cerebral es responsable de la percepción de las llamadas de otros ejemplares de la especie y en los humanos y babuinos no es infrecuente la comunicación utilizando la mano derecha.
En los ratones, la percepción de los gritos de inquietud por parte de las crías es controlada por el hemisferio izquierdo y animales como los camaleones y babuinos suelen atacar preferentemente a los miembros de su especie que se sitúen a su izquierda en relación con los que se colocan a su derecha.

27 de febrero de 2010

Sinestesia

La información sensorial procedente de los órganos de los sentidos discurre por vías neuronales hasta llegar a la corteza cerebral y es entonces cuando se percibe la información: veo un bolígrafo, huele a pescado frito, escucho una sinfonía de Brahams... Esto es lo normal.
Sin embargo, una de cada 2000 personas (más mujeres que varones) tienen alguna capacidad que para otros es extraordinaria: gustan las formas, ven sonidos o huelen colores. Son percepciones que resultan de la unión de distintas señales procedentes de los órganos de los sentidos: es la sinestesia, del griego: syn (con, unión, junto) y aisthesia, (percepción).
No se pueden confundir con las alucinaciones, no lo son. Es algo parecido a lo que ocurriría si “desenchufáramos” una parte de las vías que procedentes de los ojos conducen la información visual a la corteza correspondiente y lleváramos dichas conexiones a la región cortical que traduce la información auditiva. El resultado sería espectacular: ¡se verían los sonidos! La sinestesia es también producida por algunas drogas como la mescalina y LSD.
La sinestesia está descrita entre diversos pares de modalidades sensoriales, pero son frecuentes personas sinestésicas que ven colores en algunos grafismos, o en las unidades de tiempo, en las notas musicales, en los sabores, dolores, temperaturas o en un orgasmo. Para otras los olores suenan, saben o tienen cierta temperatura.
Aunque en la actualidad no se conocen todos los agentes responsables de esta enfermedad, tiene un componente genético, en la medida que la tercera parte de estas personas poseen miembros de su familia que manifiestan las mismas alteraciones.
Una hipótesis aceptable para explicar la sinestesia se basa en el hecho de que los bebés perciben su entorno de una forma sinestésica, en la medida de que sus cerebros no han conseguido aún un perfecto funcionamiento de sus circuitos neuronales. Después del nacimiento, en poco tiempo (algunos meses), los circuitos visuales, olfativos, gustativos, etc. se van haciendo totalmente independientes pero en los sinestetas esto no sucede, al menos en parte.
Quizá, la percepción del mundo por parte de los artistas requiera algo de sinestesia y, acaso por ello, algunas personalidades consagradas del arte han manifestado esta enfermedad. Bach decía que un fa-bemol era de color gris y un mi-bemol tenía una tonalidad verde-amarilla; Shubert veía el sol-bemol de color rojo-dorado y el re-bemol verde. También manifestaban sinestesia otros músicos de renombre como Alexander Scriabin y Nikolai Rimsky-Korsakov y personas de la literatura como Charles Baudelaire y Vladimir Nabokov.
Este es un pequeño vídeo sobre esta alteración:

18 de febrero de 2010

Pío del Río Hortega (1882-1945)

Pío del Río Hortega nació en Portillo (Valladolid) en 1882 y en la Facultad de Medicina vallisoletana se licenció en 1905. Durante la carrera, y también después de conseguir el título de doctor, estuvo trabajando en el laboratorio del catedrático de Histología Leopoldo López García, científico que asimismo influyó en la formación histológica del más eminente de los científicos españoles, Santiago Ramón y Cajal (1852-1934).
Aunque eventualmente ejerció la medicina (fue médico de su pueblo natal), ese trabajo le resultó tan negativo que optó por realizar el doctorado como una especie de “respiro a pulmón lleno”. Su gran interés científico lo constituyó la investigación en el campo de la histología y también en la histología patológica de las tumoraciones nerviosas.
En 1913 se traslada a Madrid y trabaja en el Laboratorio de Histopatología del Sistema Nervioso que dirigía Nicolás Achúcarro Lund (1880-1918). Una vez en la capital de España, obtiene una beca para ampliar conocimientos en París y Berlín, pero la Primera Guerra Mundial le obliga a volver a Madrid. Tras el fallecimiento de Achúcarro, en 1918, se hace cargo de la dirección del laboratorio histopatológico y, en poco tiempo, don Pío hace de él un centro de investigación de gran categoría internacional. Prueba de ello es que grandes científicos se trasladaron a Madrid para trabajar en su laboratorio; es el caso, por ejemplo, del norteamericano Wilder Penfield.
Al iniciarse la Guerra Civil se exilia a Francia donde trabaja como histopatólogo en el Hospital de la Pieté de París; posteriormente marcha a Gran Bretaña para investigar en la Universidad de Oxford (de la que fue nombrado doctor honoris causa). Finalmente, en 1940, como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, va a Buenos Aires y dirige, hasta su muerte en 1945, un laboratorio histológico dependiente de la Institución Cultural Española de la capital argentina.
En el mundo de la ciencia don Pío destacó por la precisión de sus tinciones tisulares. En efecto, fue alterando la tinción de Achúcarro (que utilizaba tanino y plata amoniacal) de tal manera que consiguió realizar importantes estudios de la estructura anatómica de las neuronas y de la neuroglía, desarrollando su famoso método del carbonato de plata amoniacal (1918). Estos métodos de tinción permitieron el descubrimiento de unas células que Ramón y Cajal había llamado tercer elemento o glía adendrítica; los otros elementos eran las neuronas (primer elemento) y la neuroglía (segundo elemento), donde se encontraban formas celulares como los astrocitos de la sustancia gris y los de la sustancia blanca. En efecto, Río Hortega demostró la existencia de dos estirpes celulares diferentes en este tercer elemento: las células de oligodendroglía y las células de microglía.
Además, en la década de los 20, el científico castellano publicó numerosas investigaciones sobre la morfología y génesis de estas células que le valieron renombre internacional. Así, dos importantes científicos alemanes (Metz y Spatz) ya hablaban en esos años de las “células de Hortega” para designar a la microglía. Por otro lado, su discípulo Ortiz Picón destacó como “el trabajo más original y  mejor acabado que ha producido Río Hortega” el que publicara en la Memorias de la Sociedad Española de Historia Natural con el título de “Tercera aportación al conocimiento morfológico e interpretación funcional de la oligodendroglía” (1928).
En fin, el principio vital de Pío del Río Hortega se puede resumir con estas palabras suyas: “El espíritu del investigador arde, sin consumirse, en una lámpara de tres llamas: la policroma de la sensibilidad artística; la blanca y luminosa de la inquietud por descubrir nuevas verdades; la azul, en fin, cuyo vértice se eleva muy alto y busca la eternidad”.

7 de febrero de 2010

Dislexia y cerebro

La dislexia es un trastorno neurológico heterogéneo que afecta a la capacidad de lectura y de deletreo y que no es debido a problemas visuales, motores o intelectuales. Esto supone que las personas afectadas por este mal manifiestan un desfase de ciertas capacidades intelectuales en relación con las de otros individuos en igualdad de condiciones y ausencia de dislexia.
La dislexia se puede manifestar cuando el niño está aprendiendo a leer, y entonces se denomina dislexia del desarrollo o también puede estar provocada por una lesión cerebral en personas que leían correctamente y, en este caso, se llama dislexia adquirida.
La literatura científica nos ha dado abundantes datos de que la lectura normalmente fluida es el resultado de, como mínimo, tres sistemas ubicados en el hemisferio cerebral izquierdo: uno localizado en la región inferior del lóbulo frontal, otro en la zona parietotemporal dorsal y, por último, un sistema occipitotemporal ventral.
Para unos científicos el problema de la dislexia radica en una incapacidad de procesamiento (y discriminación) de los impulsos sensoriales (de los que los lingüísticos son unos) de naturaleza acústica que se suceden a gran velocidad, y que parece que necesita el funcionamiento de regiones de la corteza prefrontal izquierda. Para otros, el problema reside de las partes implicadas en el procesamiento fonológico.
No obstante, a pesar de lo anterior, hay muchos científicos (generalmente psicólogos) que han considerado la dislexia un problema de carácter psicológico más que de naturaleza neurológica por una razón bastante concluyente: en la dislexia del desarrollo influye la cultura. Sin embargo, la dislexia, contrariamente a esto último, supone un trastorno cerebral.
En efecto, Paulesu y colaboradores han encontrado, en la primera década del siglo XXI, que esta enfermedad se presenta en el doble de angloparlantes que italoparlantes, lo que guarda relación con la estructura de los dos idiomas: el inglés tiene 40 fonemas que pueden deletrearse de 1120 formas distintas, mientras que el italiano sólo posee 25 fonemas que se deletrean de 33 maneras diferentes. El resultado es que los “bambinos” aprenden a leer mucho antes que los niños residentes en las islas británicas.
Además, utilizando las técnicas de tomografía de emisión de positrones (TEP) en personas no disléxicas, los adultos italianos al leer en voz alta mostraban más activa la zona superior del lóbulo temporal izquierdo, mientras que los británicos presentaban más actividad en los lóbulos frontales y en la zona inferior del lóbulo temporal inferior. Esto es: la lectura en voz alta se manifestaba cerebralmente distinta en dos lenguas tan diferentes como el italiano y el inglés. Pero, ¿que sucedía en los cerebros de los disléxicos?
Al estudiar las imágenes de TEP de cerebros de universitarios ingleses, franceses e italianos que manifestaban dislexia, los problemas de lectura de estos últimos eran menores pero, y esto es lo más importante, los tres grupos expresaban un funcionamiento cerebral anómalo en una región concreta: al leer tenían menor actividad en la parte posterior del lóbulo temporal en la proximidad con el occipital.

28 de enero de 2010

Hambre, saciedad y neurociencia

En 1940, los científicos Ranson y Hetherington descubrieron que cuando en las ratas se lesionaba una región del hipotálamo denominada hipotálamo ventromedial, los animales comían desaforadamente (hiperfagia) y, con el tiempo, se hacían obesos. Este hecho motivó que a esta región hipotalámica se la denominara centro de la saciedad. El razonamiento era bastante claro: si cuando esta zona no funciona las ratas comen gran cantidad de alimentos es la que regula la saciedad.
Una década después, en 1951, cuando Anand y Brobeck observaron que a las ratas se las lesionaba otra parte del hipotálamo denominada hipotálamo lateral los resultados se manifestaban espectaculares en la dirección contraria: las ratas dejaban de comer (presentaban afagia), lo que implicaba que, con un razonamiento similar al anterior, pero en sentido inverso, el hipotálamo lateral era considerado el centro del hambre. Así que las cosas encajaban bastante bien: el funcionamiento del hipotálamo lateral hacía comer a las ratas y el del hipotálamo ventromedial producía el cese de la ingesta de alimentos.
Sin embargo, esta teoría del hambre y la saciedad hipotalámicas, aparentemente avalada por hechos tan concluyentes, no supone más que una parte mínima de la verdad. Veamos.
A partir de la década de los 80 del siglo XX se demostró que cuando se lesiona el hipotálamo ventromedial se produce rápidamente un incremento de los niveles de insulina sanguínea, lo que favorece la síntesis de grasa corporal (lipogénesis) y la reducción de la oxidación de la grasa (lipolisis). Esto implica que los nutrientes que ingieren las ratas después de la lesión del hipotálamo lateral se convierten más fácilmente en grasa que antes de la misma y esto implica que los animales han de seguir comiendo para que en la sangre haya suficientes nutrientes energéticos para sus necesidades inmediatas ya que almacenan más de lo que deben. Dicho de otra manera: las ratas comen demasiado porque se han hecho obesas.
En esos años también se descubrió que por el hipotálamo ventromedial circula un haz de fibras nerviosas que se denomina haz noradrenérgico ventral que, evidentemente, es lesionado cuando se daña el hipotálamo ventromedial. Estas fibras conectan con los núcleos paraventriculares del hipotálamo. Pues bien, cuando estas estructuras se lesionan (el haz o los núcleos), el animal también manifiesta hiperfagia.
En relación con el centro del hambre se ha demostrado que su lesión produce afagia, pero también una falta generalizada de respuesta a las señales sensitivas (la comida es sólo una de ellas). Además, el daño del hipotálamo lateral afecta al haz nigroestriado y el fascículo prosencefálico medial y sus lesiones también producen una disminución de la ingesta.
Todos estos datos implican que la regulación de la ingesta depende de varias estructuras, unas ubicadas en el hipotálamo (núcleos paraventricular y dorsomedial) y otras conectadas con el hipotálamo (amígdala, hipocampo, etc.).

17 de enero de 2010

El alcohol es una droga que interacciona con diversos fármacos

Una de las drogas más consumidas en todo el mundo es el alcohol. La presentación más común de alcohol es en forma de etanol, una molécula de grandes efectos sobre diversos órganos de nuestro cuerpo.
El etanol, en dosis altas , actúa sobre dos tipos de receptores nerviosos: los nicotínicos de acetilcolina y los de la serotonina. Los efectos de la droga disminuyen los receptores de glutamato (que es un neurotransmisor excitador), los canales de calcio (el calcio favorece la neurotransmisión) y aumentan los receptores de GABA (que es un neurotransmisor inhibidor). Como resultado se produce una disminución de la transmisión del impulso nervioso, es decir, se generan efectos depresores.
Cuando se es dependiente de esta sustancia y no hay alcohol, los receptores de glutamato aumentan, de la misma manera que los canales de calcio y, sin embargo, disminuyen los receptores de GABA, esto es, se producen los efectos neurobiológicos opuestos a los descritos antes. Esto parece ser la razón del síndrome de abstinencia frente al alcohol.
La dependencia se suele generar en poco tiempo, lo que también sucede con otros depresores del sistema nervioso como son los ansiolíticos como las benzodiacepinas y los barbitúricos. Con estas sustancias, el alcohol presenta tolerancia cruzada, probablemente porque ellas también actúan a través los receptores del GABA.
Además, el alcohol interacciona con muchas otras sustancias que potencian sus efectos depresores. Así, antidepresivos, anticonvulsivantes, antihistamínicos, etc. potencian los efectos depresores del alcohol.
La exposición aguda a esta droga produce euforia y desinhibición, que parecen ser los responsables de los efectos reforzantes positivos y de que la conducta de ingesta de alcohol se mantenga.
El consumo habitual produce daño cerebral, amnesia, perturbaciones del sueño, estados psicóticos y convulsiones. Se manifiesta en un conjunto de síntomas que suelen llevar una secuencia concreta: una fase inicial de excitación y euforia, acompañada de locuacidad; una segunda fase hipnótica, de alteración motora, del equilibrio, confusión mental, habla incongruente, irritabilidad, mareos, náuseas, etc.; una tercera fase anestésica con pérdida de la conciencia, reflejos y del control de esfínteres, amén de una generalizada falta de tono muscular con problemas respiratorios y coma; finalmente se produce una fase bulbar, en la que se pierden las funciones propias del bulbo raquídeo con la consiguiente parada cardiorrespiratoria y la muerte.

7 de enero de 2010

Los receptores neuronales son el objetivo de la mayor parte de los fármacos

Los receptores, donde deberán acoplarse los neurotransmisores para que se produzca el paso del impulso nervioso entre dos neuronas, son proteínas localizadas en las membranas neuronales. Siendo esto así, es fácil comprender un hecho muy importante: algunos fármacos "compiten" con el neurotransmisor por su lugar de unión de manera que si se acoplan al neurotransmisor natural pueden ocurrir dos cosas:
a)bloquean la neurotransmisión porque impiden la actuación de la sustancia neurotransmisora liberada por la neurona presináptica.
b)imitan al neurotransmisor y realizan su misma acción.
Esto lo podrá entender más fácilmente con los siguientes ejemplos. Suponga que hay un déficit de un determinado neurotransmisor en una persona; lo conveniente será actuar con un fármaco que sustituya al neutrotransmisor, es decir, que actúe como esa sustancia, esto es, que imite al neurotransmisor: es un fármaco agonista.




Sin embargo, también es posible que se produzca un exceso de otro neurotransmisor. Esta situación podrá solucionarse con un fármaco que bloquee, al menos parcialmente, su acción, esto es, con una sustancia que al impedir la acción de neurotransmisor contrarreste su exceso.


Los dos casos anteriores ponen de manifiesto la dificultad de la administración de los fármacos, ya que una dosis demasiado alta en el primer caso podría generar efectos nocivos similares a los que produce el exceso de neurotransmisor. Por su parte, si el exceso de fármaco sucede en el segundo caso, se podrían bloquear los receptores e impedirse el efecto del neurotransmisor.