Mientras nuestro cerebro sea un arcano, el Universo, reflejo de su estructura, será también un misterio
(Santiago Ramón y Cajal)


5 de octubre de 2015

Disfunciones frontales

En el artículo precedente de este blog he comentado que los lóbulos frontales son algo así como el director de esa magnífica orquesta que es el resto del cerebro. Está claro, entonces, que siguiendo con esta comparación una lesión frontal generará un incorrecto funcionamiento del conjunto cerebral, de la misma manera que una buena orquesta sin director no será capaz de producir el sonido correcto.
Sin embargo, al símil anterior habrá que añadir un corolario impecable: tampoco se producirá un correcto funcionamiento cerebral si los lóbulos frontales se muestran perfectos pero hay alguna lesión en una parte del cerebro, esto es, si hay un excelente director pero los violines no se han afinado. ¿Y si otras estructuras cerebrales funcionarán mal, afectarían a los lóbulos frontales?


Hay una técnica denominada de flujo sanguíneo cerebral regional (FSCr), muy utilizada en neurociencia, que se basa en el hecho de que hay relación entre la actividad metabólica de una zona del cerebro y la parte del organismo que depende de esa región. Así, por ejemplo, si aumenta la actividad de una extremidad, también lo hace la actividad de la corteza motora que la controla.
En 1992 un grupo de científicos encabezado por Åsa Ilja publicó  en Neuropsychiatry, Neuropsychology, & Behavioral Neurology un artículo en el que se estudiaba la alteración del FSCr debida a diferentes tumores en distintas regiones encefálicas. En él se exponía de una manera sorprendente que, independientemente de donde se localizara el tumor, el flujo sanguíneo en los lóbulos frontales se mostraba alterado. Y esto, en la analogía del director de orquesta, supone que si hay un mal funcionamiento de las trompas, o de los chelos, se observa también una distorsión en el buen hacer del director.
Además, otros trabajos posteriores han demostrado que los lóbulos frontales alteran su fisiología en circunstancias muy diversas: en la depresión, en la terapia electroconvulsiva (independientemente de donde se colocaran los electrodos), etc.
También se ha demostrado que en las primeras etapas de la enfermedad de Alzheimer los lóbulos frontales funcionan incorrectamente, lo que se manifiesta en la incapacidad de los pacientes para tomar decisiones ambiguas, esto es, las que tienen varias posibilidades (elegir una chaqueta u otra, empezar a leer este libro o aquel otro), las que son mayoría en nuestra actividad diaria. En este sentido, el estudio de la actividad de los lóbulos frontales sería un buen predictor de esa demencia y de otras alteraciones encefálicas.
Parece claro que trastornos cerebrales diferentes afectan al funcionamiento de los lóbulos frontales de manera, quizá, parecida a cómo un director de orquesta perdería los nervios (o acaso la batuta) si las violas o la percusión ejecutaran una sinfonía a su antojo. Es evidente, además, que los lóbulos frontales podrían funcionar incorrectamente, pero también es claro que, por todo lo dicho antes, la incorrecta fisiología de estos lóbulos no implica necesariamente una lesión en los mismos.

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