Mientras nuestro cerebro sea un arcano, el Universo, reflejo de su estructura, será también un misterio
(Santiago Ramón y Cajal)


2 de septiembre de 2011

La magnetoencefalografía como técnica para el estudio del encéfalo

El biomagnetismo lo forman los campos magnéticos generados por los sistemas biológicos, que tienen los mismos principios de análisis que los producidos por una corriente eléctrica que circula por un conductor lineal.
Si una corriente eléctrica circula a través de un conductor se crea un campo magnético. Esto supone  que cuando los impulsos nerviosos van por los axones neuronales  o cuando los potenciales postsinápticos —que se crean en el “salto” del impulso nervioso entre dos neuronas—, circulan por las dendritas se producen campos magnéticos que, obviamente, son muy pequeños.
No obstante existen unos aparatos denominados dispositivos superconductores de interferencias cuánticas” o SQUID (Superconducting Quantum Interference Device) capaces de percibir un campo magnético de muy baja potencia.
La importancia del método se basa en que el campo magnético no es “retenido” por la materia orgánica (lo que sí sucede con el eléctrico) y puede salir fuera del cerebro a través del cráneo. Por otro lado, la medida de un campo magnético se puede realizar sin contacto alguno: se puede medir la actividad cerebral sin tocar ni conectar nada al cerebro del sujeto.
En 1963, Baule y McFee registraron por primera vez la actividad eléctrica del corazón mediante la detección de los campos magnéticos. Cinco años después, Cohen, en el Instituto de Tecnología de Massachusetts, fue capaz de detectar las pequeñas señales debidas al funcionamiento del encéfalo y, finalmente, en 1969, Zimmerman diseñó una habitación, aislada de los campos ambientales, para registrar la actividad cardíaca utilizando superconductores.
La magnetoencefalografía se realiza con unos aparatos que se denominan neuromagnetómetros, que disponen de varios SQUID (entre 100 y 150) dispuestos en forma de casco de  manera que puedan acercarse simultáneamente al cráneo del sujeto. Su emisión es analizada por un ordenador que determina el origen encefálico de las señales. En el ordenador aparece la imagen del encéfalo, obtenida mediante Resonancia Magnética, y sobre ella se observan las regiones encefálicas que poseen una gran actividad eléctrica.
De esta manera, con magnetoencefalografía se podría detectar una zona concreta del cerebro con una actividad eléctrica determinada, superior a la normal o mayor que la percibida en otras zonas colindantes. Así, si esto es consecuencia de una anomalía patológica, se podría proceder a la eliminación de la parte afectada. Pero, asimismo, se lograrían realizar estudios fisiológicos para cuantificar la actividad cerebral regional cuando se perciben ciertos estímulos o cuando se realizan unas determinadas conductas.
Si desea ver un breve vídeo sobre el asunto:

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